Deudas, salarios e incertidumbre agravan la presión sobre los hogares

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

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  • El endeudamiento creció como herramienta para afrontar gastos básicos de los hogares.
  • Una mayoría de los argentinos agota sus ingresos antes del día 20 de cada mes.
  • Los sectores de menores ingresos y los jóvenes concentran los mayores niveles de vulnerabilidad económica.
  • Los salarios, el desempleo y la incertidumbre desplazaron a la inflación como principal preocupación social.
  • La percepción sobre la pérdida del poder adquisitivo alcanza incluso a votantes del oficialismo.
  • La crisis económica también impacta sobre la salud mental mediante mayores niveles de incertidumbre y angustia.

La pérdida de poder adquisitivo continúa modificando los hábitos económicos de los hogares argentinos. Cada vez más familias recurren al endeudamiento para cubrir gastos esenciales, mientras una porción creciente de la población agota sus ingresos antes de la mitad del mes. Los datos reflejan un cambio en las principales preocupaciones sociales: los salarios, el empleo y la incertidumbre económica desplazaron a la inflación como eje del malestar cotidiano.

Un relevamiento del Monitor de Opinión Pública (MOP) de Zentrix Consultora correspondiente a agosto mostró que el 60,2% de los encuestados tomó algún crédito o se endeudó durante los últimos seis meses. Entre quienes recurrieron al financiamiento, el 55,6% lo hizo para afrontar gastos de alimentos y salud, mientras que otro 20,4% destinó esos recursos al pago de tarifas y servicios. En conjunto, esos rubros explican más de tres cuartas partes de los motivos de endeudamiento registrados.

La capacidad de sostener los gastos mensuales también exhibe un deterioro significativo. El estudio indicó que el 65% de los argentinos se queda sin ingresos antes del día 20 de cada mes, mientras que el 44,4% ya no llega al día 15 y un 12,2% agota sus recursos incluso antes del quinto día.

Las diferencias entre sectores sociales resultan marcadas. Entre las personas de menores ingresos, el 87,6% llega sin recursos al día 20, una proporción que desciende al 7,3% entre quienes pertenecen a los niveles de ingresos más altos. La brecha también aparece por edades: el 83,3% de los jóvenes de entre 18 y 39 años no supera el día 20 con dinero disponible, frente al 60,3% de los mayores de 60 años.

El recurso al crédito acompaña esa pérdida de capacidad de compra. El porcentaje de personas que tomó financiamiento durante los últimos seis meses alcanza al 70,2% dentro de los sectores de menores ingresos y al 67,1% entre los jóvenes. Además, mientras los hogares más vulnerables destinan el dinero principalmente a cubrir necesidades básicas, en los niveles de mayores ingresos el crédito aparece con mayor frecuencia vinculado a la adquisición de bienes durables.

El cambio en las prioridades sociales quedó reflejado en el ranking de preocupaciones elaborado por la consultora. Por primera vez en varios meses, la corrupción dejó de ocupar el primer lugar y fue desplazada por los ingresos y salarios, la incertidumbre económica y el desempleo. La inflación quedó relegada al décimo puesto entre las preocupaciones relevadas, lo que sugiere que el foco comenzó a trasladarse desde la evolución de los precios hacia la capacidad real de los ingresos para sostener el consumo cotidiano.

La percepción sobre la situación económica continúa siendo predominantemente negativa. El 59,4% calificó como mala o muy mala la economía del país, aunque el indicador mostró una leve mejora respecto del mes anterior. Entre los sectores de menores ingresos, esa evaluación negativa alcanza aproximadamente tres cuartas partes de los consultados. En paralelo, la valoración positiva de la situación económica personal registró una leve recuperación entre julio y agosto.

La distancia entre las estadísticas oficiales y la experiencia cotidiana también aparece en la percepción sobre la inflación. El 65,8% considera que el índice del INDEC no refleja el aumento de precios que experimenta diariamente, mientras que el 81,2% sostiene que su salario perdió frente a la inflación. Esa percepción atraviesa incluso a votantes del oficialismo en las elecciones legislativas de 2025, donde una mayoría también considera que sus ingresos quedaron rezagados.

El impacto económico trasciende el plano financiero y alcanza el bienestar emocional. El Termómetro Psicosocial y Económico elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Facultad de Psicología de la UBA reveló que el 55,9% de los consultados atraviesa una crisis vinculada con deudas o ingresos insuficientes.

Además, nueve de cada diez personas consideran que los problemas económicos afectan significativamente su salud mental, porcentaje que asciende al 93% entre quienes mantienen deudas. Las emociones más mencionadas fueron la incertidumbre, la angustia, el hartazgo y el temor al futuro, configurando un escenario donde las dificultades económicas comienzan a manifestarse tanto en el bolsillo como en el estado de ánimo de una parte importante de la población.

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