Rafaela, calles destruidas y una gestión que no da respuestas

RAFAELA R24N

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  • RESUMEN
  • Las calles de Rafaela muestran un deterioro que ya resulta imposible disimular.
  • Leonardo Viotti debe explicar por qué el mantenimiento urbano no ofrece respuestas suficientes.
  • Los vecinos necesitan obras concretas, no solamente anuncios, actos y fotografías.
  • Las prioridades presupuestarias del municipio merecen explicaciones claras y resultados verificables.
  • Con la mirada puesta en 2027, el intendente deberá demostrar con hechos si está a la altura de su cargo.

Hay preguntas que un intendente no debería tener que responder porque tendría que contestarlas con hechos. Pero cuando los hechos brillan por su ausencia, las preguntas se vuelven inevitables. Y en Rafaela hay una que cada vez cuesta más esquivar: ¿por qué Leonardo Viotti no se ocupa de reparar las calles de la ciudad que gobierna?

¿Para qué está un intendente? ¿Para sacarse fotos, recorrer actos, anunciar proyectos, organizar eventos y alimentar las redes sociales con imágenes cuidadosamente seleccionadas? ¿O está, entre otras obligaciones elementales, para garantizar que los vecinos puedan circular por calles en condiciones razonables?

La respuesta debería ser obvia. Sin embargo, las calles de Rafaela están destruidas y la paciencia de los vecinos también empieza a mostrar signos de agotamiento. Lo que durante años fue un deterioro progresivo se ha convertido en una situación que muchos describen sin vueltas: un verdadero Kosovo. Pozos, baches, sectores castigados y conductores obligados a hacer maniobras para evitar romper el auto, dañar una moto o terminar protagonizando un accidente.

No estamos hablando de una obra faraónica, de un puente monumental ni de una infraestructura que demande décadas de planificación. Estamos hablando de calles. De una responsabilidad elemental de cualquier gobierno municipal. De algo que forma parte del ABC de la administración de una ciudad.

Si un intendente no consigue dar respuestas a los problemas más básicos de sus vecinos, tiene la obligación de explicar qué está haciendo, por qué no alcanza y cuáles son sus prioridades. Los rafaelinos no pagan tasas municipales para financiar una administración que se conforme con administrar excusas.

¿No hay plata para las calles, pero sí para la vidriera?

Aquí aparece una cuestión que merece ser discutida sin vueltas. ¿Qué lugar ocupan las necesidades reales de Rafaela en la agenda de Viotti? ¿Cuánto esfuerzo se destina a resolver los problemas cotidianos y cuánto a construir una imagen política?

Entre los vecinos crece la percepción de que las tareas que no producen fotografías atractivas quedan relegadas, mientras los anuncios, los actos y los acontecimientos capaces de generar visibilidad reciben otra clase de atención.

No se trata de cuestionar por sistema cada evento municipal ni de sostener que toda actividad pública es innecesaria. Se trata de entender algo que cualquier administrador responsable debería tener claro: primero las necesidades concretas de la ciudad; después, la vidriera política.

Si hay calles destruidas, si los vecinos deben esquivar pozos todos los días y si el mantenimiento urbano no está a la altura de lo que Rafaela necesita, el Ejecutivo tiene que explicar por qué esas tareas no ocupan un lugar prioritario.

Y si existen limitaciones presupuestarias, que las detalle. Que publique los números, que explique cuánto cuesta reparar las calles, qué trabajos se realizaron, cuáles están pendientes y qué cronograma tiene previsto. Que informe qué recursos se destinan al mantenimiento y qué soluciones piensa implementar para los sectores más deteriorados.

Lo que no puede hacer es pretender que los vecinos acepten indefinidamente el deterioro mientras la política sigue su propio calendario.

Porque la plata de los rafaelinos no es un fondo para alimentar el ego de ningún funcionario. Es dinero que debe regresar a la comunidad en forma de servicios, obras y soluciones. Así de sencillo. Así de elemental.

La campaña de 2027 no tapa los pozos

Estamos entrando en una etapa en la que muchos políticos comienzan a mirar el calendario electoral con más entusiasmo que los problemas de la gente. Rafaela no es una excepción. La campaña de 2027 ya proyecta su sombra sobre las decisiones, los discursos y las ambiciones personales.

Viotti tendrá sus razones para pensar en su futuro político. Podrá evaluar una reelección, imaginar acuerdos, buscar respaldos y preparar una estrategia para convencer a los votantes. Está en su derecho. Lo que no puede pretender es que los vecinos se olviden de cómo está la ciudad mientras él prepara su próximo movimiento.

Porque hay algo que los políticos suelen descubrir demasiado tarde: los vecinos pueden olvidarse de un discurso, pero difícilmente olviden el pozo que les rompió el auto, la calle que nunca arreglaron o el reclamo que nadie atendió.

Y cuidado con subestimar a la gente. El ciudadano que paga sus impuestos, trabaja, llega cansado a su casa y debe esquivar una colección de baches no necesita que ningún asesor le explique cómo evaluar una gestión. Lo hace todos los días, cuando sale a la calle y compara las promesas con la realidad.

Si el municipio enfrenta dificultades para conseguir asfalto, si existen problemas con los proveedores o si determinados trabajos dependen de organismos provinciales, que el intendente lo explique con claridad. Las dificultades pueden existir. Lo que no puede faltar es una planificación seria, alternativas concretas y resultados verificables.

Gobernar no consiste en esperar que desaparezcan los problemas: consiste en encontrar la manera de resolverlos.

Y si una solución definitiva demanda tiempo, mientras tanto hay que mantener las calles transitables, establecer prioridades y atender los sectores más peligrosos. Para eso se administra una ciudad. Para eso se cobra. Para eso se asume la responsabilidad de gobernar.

Los vecinos no eligieron un intendente para escuchar excusas

La pregunta ya no es solamente cuándo se van a reparar las calles. La cuestión es qué clase de gestión pretende ofrecer Viotti a los rafaelinos durante el tiempo que le queda de mandato.

¿Va a seguir apostando a que los anuncios alcancen para disimular las falencias? ¿Va a esperar que algún acontecimiento le permita recuperar protagonismo? ¿O finalmente va a comprender que el gobierno municipal no es una agencia de publicidad personal, sino una responsabilidad que exige trabajo, prioridades y resultados?

Rafaela no necesita un intendente preocupado por cómo sale en la fotografía. Necesita un intendente que se ocupe de que las calles estén en condiciones.

No alcanza con inaugurar, anunciar, recorrer y prometer. Hay que mantener, reparar, controlar y rendir cuentas. Y cuando las cosas no funcionan, hay que dar explicaciones sin esconderse detrás de excusas técnicas ni trasladar permanentemente las responsabilidades.

Viotti todavía tiene la posibilidad de demostrar que puede cambiar el rumbo de su gestión. Pero para eso debe abandonar la comodidad del discurso y ponerse a trabajar en los problemas concretos de la ciudad. No mañana, no cuando empiece formalmente la campaña y no cuando aparezca una oportunidad para conseguir una fotografía favorable.

Ahora.

Porque los pozos no esperan elecciones. Las calles no entienden de marketing político. Y los vecinos no tienen por qué seguir pagando las consecuencias de una administración que no consigue dar respuestas suficientes a una necesidad tan elemental.

La pregunta final es tan incómoda como inevitable: ¿realmente Leonardo Viotti cree que puede ser reelegido si los rafaelinos siguen encontrando una ciudad deteriorada cada vez que salen de sus casas?

Que no se confunda. Una cosa es querer ser intendente y otra muy distinta es demostrar que se está a la altura del cargo. La política puede ofrecer discursos, promesas y estrategias electorales, pero la realidad cotidiana tiene la mala costumbre de desmentirlos cuando los hechos no aparecen.

Rafaela no necesita más excusas. Necesita calles arregladas, gestión y un intendente que recuerde para quién gobierna.

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