La caída del consumo golpea a los supermercados y acelera el cierre de locales en todo el país

ECONOMÍA Agencia de Noticias del Interior

5YRJM3OJHNGXXN4F4KQR7W4HBA

  • Las ventas de los supermercados acumulan una caída interanual cercana al 4% en volumen y agosto registró una baja del 3,3%.
  • El retroceso del consumo se mantiene desde comienzos de 2024 y afecta a grandes cadenas, autoservicios y almacenes.
  • El sector confirmó cierres de locales y reducciones de formatos comerciales en distintas regiones del país.
  • Los consumidores concentran sus compras en productos básicos y reducen la demanda de artículos de mayor valor.
  • El comercio electrónico representa menos del 5% del consumo masivo y no logra compensar la caída general de las ventas.
  • ASU reclama incorporar a CABA, Santa Fe y La Pampa al Sircupa para reducir las asimetrías tributarias frente a operadores informales.

La retracción del consumo masivo continúa afectando al comercio argentino, con una caída sostenida de las ventas, cierres de establecimientos y cambios en los hábitos de compra de los hogares. Las grandes cadenas de supermercados enfrentan un escenario en el que los clientes reducen las cantidades adquiridas y concentran sus gastos en productos indispensables, mientras la contracción de la demanda alcanza a prácticamente todos los formatos comerciales.

El director ejecutivo de la Asociación de Supermercados Unidos (ASU), Juan Vasco Martínez, describió la situación del sector y advirtió que la crisis presenta una característica diferente de la observada en otros períodos recesivos: los consumidores que dejaron de comprar en las grandes superficies no se trasladaron masivamente hacia otros canales comerciales.

Según los datos que expuso, las ventas de los supermercados acumulan una disminución interanual cercana al 4% en volumen, mientras que agosto registró una contracción del 3,3%. Además, 2025 terminó con una caída del 5,2%, en una tendencia negativa que se mantiene prácticamente desde comienzos de 2024.

Martínez recordó que durante la crisis de 2001 y 2002 las grandes cadenas habían identificado un desplazamiento de clientes hacia los autoservicios independientes, que experimentaron una expansión significativa. En el escenario actual, en cambio, sostuvo que la contracción alcanza tanto a los supermercados como a los almacenes y comercios de proximidad, aunque con diferencias en la intensidad de las caídas.

La disminución de las ventas también comenzó a modificar la estructura del sector. El representante de ASU confirmó el cierre de locales y mencionó empresas que discontinuaron determinados formatos comerciales o redujeron su presencia en algunas regiones. Aunque no precisó una cifra total de establecimientos afectados, señaló que el fenómeno involucra a distintos operadores.

El impacto resulta especialmente relevante entre los sectores de menores ingresos, donde las restricciones presupuestarias repercuten directamente sobre las cantidades compradas. Martínez explicó que el negocio supermercadista depende fundamentalmente del volumen comercializado, por lo que la reducción de las unidades vendidas afecta el funcionamiento de toda la cadena.

Entre las zonas que presentan mayores dificultades mencionó el Gran Buenos Aires, Gran Córdoba, Gran Rosario y Mendoza. En contraste, identificó localidades con una evolución más favorable, vinculadas con actividades económicas específicas. Destacó el caso de Añelo, en Neuquén, donde el desarrollo de Vaca Muerta impulsa el consumo, y algunas localidades del interior agrícola que muestran un desempeño relativamente mejor.

Menos productos prescindibles y cambios en las góndolas

La retracción también está transformando las decisiones de compra. Martínez definió el fenómeno como una “primarización de la compra”, caracterizada por una mayor concentración del gasto en artículos básicos y una reducción de la demanda de productos considerados prescindibles.

El cambio se refleja en las góndolas y en la rotación de las mercaderías. Como ejemplo, mencionó el sector lácteo, donde los productos de mayor valor pierden espacio de exhibición porque registran menores ventas. Esta modificación no solo afecta a los supermercados, sino también a los fabricantes, que necesitan sostener sus niveles de producción y comercialización.

El comercio electrónico tampoco consigue compensar la debilidad de las operaciones presenciales. De acuerdo con Martínez, las ventas digitales representan menos del 5% del consumo masivo, categoría que incluye alimentos, bebidas, productos de limpieza, perfumería y artículos de cuidado personal.

El ejecutivo aclaró que existen diferencias metodológicas entre las cadenas para contabilizar las operaciones digitales, ya que algunas incluyen compras realizadas por trabajadores de plataformas dentro de los propios establecimientos. Sin embargo, remarcó que, aun considerando conjuntamente las ventas presenciales y virtuales, el consumo continúa retrocediendo.

En relación con la apertura comercial, estimó que los productos importados representan alrededor del 4% de la oferta de consumo masivo de las cadenas, sin contemplar rubros como electrónica, textiles y artículos de bazar. Según su evaluación, su incidencia todavía es limitada y no observa que compitan en precios con la producción nacional.

La informalidad, otro frente de preocupación

Además de la caída de la demanda, ASU reclama medidas para reducir las diferencias tributarias entre los comercios formales y aquellos que recurren a mecanismos de evasión. La entidad solicitó al Ministerio de Economía incorporar a la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y La Pampa al sistema de retenciones de Ingresos Brutos sobre cuentas de pago y billeteras virtuales, conocido como Sircupa.

Martínez aclaró que la propuesta no busca crear un nuevo impuesto ni elevar las alícuotas existentes, sino extender mecanismos de recaudación a operaciones que actualmente no están alcanzadas por ese régimen en esas jurisdicciones.

El directivo estimó que la informalidad podría representar cerca del 50% del mercado, aunque reconoció las dificultades para medir con precisión las operaciones que se desarrollan fuera de los circuitos formales. Entre las prácticas cuestionadas mencionó la falta de emisión de tickets, las transferencias a cuentas personales ajenas a los titulares de los comercios y los sistemas de doble facturación.

Martínez sostuvo que el reclamo de las cadenas no apunta contra los almacenes ni contra los supermercados independientes en general, sino contra los operadores que evaden obligaciones tributarias. Según indicó, la asociación plantea esta problemática desde hace aproximadamente 15 años.

La combinación de menores ventas, cambios en las compras y competencia informal configura así un escenario complejo para el sector supermercadista, que enfrenta dificultades para sostener sus volúmenes comerciales mientras los hogares priorizan los gastos esenciales.

ÚLTIMAS NOTICIAS
Te puede interesar
Lo más visto
PERIODISMO INDEPENDIENTE