


En política hay momentos en los que las encuestas sirven para ordenar estrategias. Y hay otros en los que directamente dictan sentencia. Todo indica que Leonardo Viotti ya recibió ese mensaje: la posibilidad de una reelección aparece hoy como una misión prácticamente imposible.
Desde hace meses venimos sosteniendo en R24N que el intendente tiene "el boleto picado". No era una expresión antojadiza ni una provocación. Era la consecuencia de una gestión que nunca logró despegar, que acumuló errores, perdió iniciativa política y terminó consumiendo el capital electoral con el que llegó al Palacio Municipal.
La encuesta que llegó a manos de Viotti no hizo más que confirmar ese diagnóstico. Los números serían contundentes y, puertas adentro, el propio intendente ya habría comenzado a asumir una realidad que hasta hace poco muchos intentaban negar.
La semana pasada contamos que, en conversaciones con su círculo más íntimo, Viotti admitió sentirse agotado. El desgaste de la gestión, la presión permanente y la perspectiva de una derrota lo llevaron incluso a imaginar otro destino político: una candidatura a diputado provincial que le permita abandonar el municipio sin exponerse a una elección que considera prácticamente perdida.
El problema es que apareció un obstáculo inesperado. Nadie quiere ocupar su lugar.
El viottismo salió a buscar un candidato y se encontró con una pared. Desde Germán Bottero hacia abajo, nadie parece dispuesto a ponerse al frente de una candidatura con altísimas probabilidades de terminar en derrota. Nadie quiere hacerse cargo del costo político de una gestión que llega golpeada y con escaso respaldo social.
Y la explicación es sencilla. Cuando un gobierno transmite fortaleza, sobran los candidatos. Cuando transmite debilidad, desaparecen todos. Hoy ocurre exactamente eso. El oficialismo local no enfrenta una pelea por el liderazgo; enfrenta una fuga silenciosa de dirigentes que prefieren preservar su futuro antes que inmolarse en una elección cuesta arriba.
Lo más preocupante para el oficialismo no es solamente la falta de nombres. Es la ausencia de voluntad. Porque una cosa es no encontrar al candidato ideal y otra muy distinta es que nadie quiera competir.
Mientras tanto, enfrente, Lisandro Mársico avanza en la construcción de su proyecto político y observa cómo el oficialismo atraviesa una crisis que parece profundizarse semana tras semana.
Los próximos meses serán decisivos. Viotti deberá resolver si finalmente intenta una reelección que hoy aparece extremadamente complicada o si encuentra una salida alternativa. Pero incluso si optara por dar un paso al costado, el problema seguirá siendo el mismo: ¿quién acepta hacerse cargo?
Por ahora, la respuesta es tan contundente como incómoda para el oficialismo: el viottismo busca candidato, pero nadie quiere agarrar ese hierro caliente.








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