



Hablar de prevención del suicidio en jóvenes implica mucho más que conocer estadísticas. Detrás de cada intento y de cada muerte hay una persona que atravesó una situación de profundo sufrimiento y, muchas veces, señales que no fueron detectadas a tiempo.
En Argentina, los registros oficiales muestran que los adolescentes y jóvenes se encuentran entre los grupos más afectados por los intentos de suicidio. Según el Boletín Epidemiológico Nacional, entre abril de 2023 y abril de 2025 se notificaron 15.807 intentos de suicidio al Sistema Nacional de Vigilancia de la Salud. Las tasas más elevadas se concentraron en la población de 15 a 24 años, mientras que los suicidios con resultado mortal tuvieron una mayor presencia entre varones de 20 a 34 años.
Los datos permiten dimensionar el problema, pero también plantean una pregunta fundamental: ¿qué podemos hacer para detectar una situación de riesgo antes de que llegue a una crisis?
Las señales no siempre son evidentes
Una de las principales dificultades en la prevención es que el sufrimiento emocional no siempre se manifiesta de una manera evidente.
Guadalupe Florencia, sobreviviente de un intento de suicidio, recuerda que durante su crisis algunas de sus señales podían confundirse con comportamientos cotidianos:
“Mis señales de auxilio eran no comer, dormir de más, estar muy activa cuando estaba despierta, mucha vida social”.
Según su experiencia, esa actividad funcionaba como una forma de ocultar lo que estaba atravesando. La presión por cumplir con expectativas personales y sociales también tuvo un peso importante durante ese período.
Por eso, especialistas destacan la importancia de prestar atención a cambios sostenidos en el comportamiento, aislamiento, alteraciones del sueño o la alimentación, expresiones de desesperanza y otras señales de sufrimiento, sin asumir que se trata simplemente de una etapa.
Preguntar no provoca una conducta suicida
Uno de los mitos más extendidos es que hablar directamente sobre el suicidio puede incentivar una conducta de este tipo. La evidencia y las recomendaciones oficiales indican lo contrario: preguntar de manera clara puede ayudar a detectar el riesgo y abrir un espacio de contención.
Patricia Elena Delgado, psicóloga clínica y social especializada en emergencias e intervención en crisis, sostiene que una pregunta directa como “¿Estás pensando en hacerte daño?” puede permitir que la persona exprese aquello que está atravesando y facilitar una evaluación del nivel de riesgo.
La recomendación oficial también apunta a escuchar con calma, validar las emociones y evitar juzgar o minimizar lo que la persona está contando.
Qué hacer frente a una situación de riesgo
Cuando alguien manifiesta pensamientos suicidas o existe una situación de riesgo, la respuesta del entorno es fundamental.
Entre las principales medidas de cuidado se encuentran:
- Escuchar y permanecer junto a la persona, sin dejarla sola.
- Ofrecer un espacio seguro para que pueda expresar lo que siente.
- Retirar de su alcance elementos potencialmente peligrosos.
- Avisar a un familiar, adulto responsable o persona de confianza que pueda acompañarla.
- Buscar ayuda profesional de manera inmediata y acudir a una guardia si existe riesgo cierto o inminente.
En ese contexto, frases como “ya se te va a pasar” o “es solamente una etapa” pueden cerrar el diálogo. En cambio, expresiones como “estoy acá para escucharte” o “vamos a buscar ayuda juntos” permiten transmitir acompañamiento sin minimizar el sufrimiento.
La recuperación también necesita acompañamiento
Superar una crisis no significa que el problema desaparezca de un día para otro. La recuperación puede requerir tratamiento psicológico, atención psiquiátrica, acompañamiento familiar y una red de apoyo.
Guadalupe recuerda que, en su caso, el acompañamiento profesional y afectivo fueron fundamentales:
“Fue fundamental tanto ir a la psicóloga como ir a la psiquiatra. El prejuicio se rompió al recordar mi internación. La comprensión de mis seres queridos y el apoyo de mi pareja fueron fundamentales”.
Su experiencia también pone el foco en la necesidad de reducir los prejuicios vinculados con la salud mental y facilitar el acceso a los tratamientos.
Desde el Ministerio de Salud se destaca que el abordaje de la salud mental debe ser integral, interdisciplinario y comunitario, con herramientas que permitan acompañar a las personas en las distintas situaciones que atraviesan.
La prevención empieza antes de la emergencia
La prevención del suicidio no depende únicamente de una campaña durante septiembre. También implica prestar atención durante todo el año, generar espacios de confianza y aprender a reconocer cuándo una persona necesita ayuda.
El Boletín Epidemiológico Nacional señala que los intentos de suicidio constituyen un problema de salud pública prioritario y que su incorporación al sistema de vigilancia busca generar información que permita fortalecer las estrategias de prevención y acompañamiento.
Por eso, escuchar, preguntar y acompañar pueden convertirse en herramientas fundamentales. No hace falta tener todas las respuestas: muchas veces, el primer paso es animarse a preguntar cómo está la otra persona y permanecer cerca.
Dónde pedir ayuda en Argentina
Ante una urgencia de salud mental, se puede llamar al 0800-999-0091, la Línea Nacional de Orientación y Apoyo en la Urgencia de Salud Mental. Es gratuita, confidencial y funciona las 24 horas, los 365 días del año en todo el país. El servicio cuenta con profesionales que pueden orientar, contener, evaluar la situación y, cuando es necesario, articular con los servicios de emergencia correspondientes.
También se puede acudir a la guardia hospitalaria más cercana ante una situación de riesgo.
Si una persona está atravesando una crisis o expresa pensamientos de autolesión o suicidio, no debe quedar sola: buscar ayuda profesional de inmediato puede ser un paso fundamental.




























